Los ojos marrones
"Serías mucho más guapa si tuvieses los ojos azules". Lucía se hizo las planchas con paciencia tras salir de la ducha. El pelo, lacio y moreno, le caía a ambos lados del rostro. Había inclinado la cabeza hacia delante frente al espejo y había metido sus dedos en el cabello como si fuesen púas de un peine. Lentamente, había elevado la mano hasta que los últimos cabellos se desprendieron de sus dedos. Había caído recuperando su posición frente a la cara, liso, inmóvil. El final de las cejas quedaba oculto por aquellas cortinas rectas y negras que terminaban un poco más abajo que los hombros, sobre una camiseta rosa y blanca.
Lucía no se había maquillado y él se dio cuenta. Había creído que con unos vaqueros y la camiseta rosa y blanca era suficiente. Él no lo creía. Sólo lo compensaba su pelo, que hoy no estaba encrespado como de costumbre. Hoy podía meter los dedos por la raíz y sacarlos por las puntas sin interrupciones.
Lucía ladeó la cabeza. Era tan bonita. Tenía el rostro demasiado largo quizás. Si tuviese los ojos...
"Serías mucho más guapa si tuvieses los ojos azules". Dijo él. Otro él. Un él más. Un él no relevante en la vida de Lucía. Un él que, en su paso, sólo dejó nueve palabras que la marcasen. "Serías mucho más guapa si tuvieses los ojos azules".
Lucía se separó un poco de él. Se volvió a pasar la mano con desgana por el pelo lacio como una tabla. El pelo que había pasado dos horas planchándo para él. Había preferido no maquillarse. Él se había dado cuenta. Y se había vengado. Estúpidez propia de un él idiota que no le hará ningún favor a Lucía.
Su pelo, liso, sus piernas, en cambio, enredadas entre las de él sobre el asiento trasero del Seat Córdoba de su hermano. Suspira cansada. "Valdrías mucho más si tuivieses la mitad de mi cerebro". Desenreda las piernas, se estira la camiseta que él había subido ligeramente a la chica de ojos noazules.
Basta. Suficiente. Ya he visto demasiado. Necesito unas vacaciones. En fin. Hasta la vista. ¡Siguiente!
Se baja del coche y cierra la puerta. No lo hace fuerte. No necesita dar un portazo para salir de la vida de nadie. El levante del Paseo Marítimo alborota su pelo. Ya no está tan liso. Pero es como es, igual que sus ojos son marrones. Baja los escalones hacia la playa de la escalera de caracol. Ya no sabe qué fue de él. Recupera el hilo, la trayectoria de su vida por dónde la dejó. Perdona, ¿decías?

laura dijo
Hola! pues tú seguirías escribiendo igual de bien incluso si tuvieras los ojos de arcoiris! me ha encantado este blog. Ya tenía yo ganas de leerte otra vez y ha merecido la pena la espera! Un besazo mi niña
11 Agosto 2006 | 03:02 PM