Sobre las malas copias a Tolkien y Ende
El género de fantasía ha sido diempre una de las grandes plagas de la literatura universal. A todo el mundo se le ha ocurrido alguna vez un argumento, y son demasiadas personas las que lo han llevado a la práctica. No niego que existan buenos ejemplares de este género como La Historia Interminable o El Señor de los Anillos pero también estamos llegando a un nivel de congestión de libros de fantasía que raya el mal gusto. A mi edad hay mucha gente que se cuelga de este estilo de libros hasta el punto de crearse una obsesión insana y, desde mi punto de vista, los de fantasía no son unos libros de los que sea recomendable empacharse.
¿Por qué? Porque todos son iguales y conllevan unos principios que intensifica el infantilismo y una manera demasiado simple de ver la vida.
El primer rasgo a destacar es que todos esos libros hacen una diferencia muy clara entre el bien y el mal. Los buenos son buenísimos y los malos, aparte de malísmos, son feos y no tienen claro los principios que los mueven a ser tan malísimos. Hagámos un poco de memoria: los orcos, los sheks, tal vez la bruja de Narnia y sus súbditos... De todos esos casos el de los orcos es el más evidente. Son seres que en el momento en el que te los describen ya sabes que son los malos por lo feos que son. ¿Por qué digo que esta separación del bien del mal intensifica el infantilismo? Porque recupera de algún modo el escenario de los cuentos infantiles en los que era demasiado fácil distinguir el bien del mal: un lobo, una madrastra... Y no es algo que sea bueno ya que en la vida real no hay ni malos ni buenos, sólo personas y motivos que las mueven.
El segundo rasgo que los hace a todos esos libros iguales es la historia. En todos consiste en una lucha milenaria en un mundo fantástico , en algunos casos paralelo al real (véase Memorias de Idhún), entre criaturas fantásticas y, en algún momento, aparece la figura de algún humano que ocupa uno de los papeles protagonistas. Además, la historia suele retomarse en el momento en el que los buenos están perdiendo y los malos se alzan con el poder. Entonces, un a primera vista sencillo grupo de protagonistas, tiene que aventurarse contra las fuerzas del mal (la Comunidad del Anillo, la Resistencia...)
¿Por qué tienen tanto éxito este tipo de libros? Por lo complicados que son. La historia suele parecer compleja a medida que va derivando por distintas ramas y parece algo meritoso el rellenar tres volúmenes de quinientas páginas (es lo que suelen ocupar estos libros) de pura complicación. Tienen un gran desparrame de personajes, por lo que el autor se ve obligado a cambiar a menudo de escenario, por no hablar de los nombres de estos personajes (ver sobretodo Memorias de Idhún) que suelen consistir en un amasijo de consonantes que dan como resultado algo impronunciable, otros más elegantes como Tolkien, simplemente hacen que suenen atípicos pero no imposibles.
A menudo estos libros suelen ser tan difíciles de seguir que precisan de un mapa desplegable que viene al comienzo o al final del libro. Llanos, ríos y cadenas montañosas que pueden tener nombres originales pero impronunciables (estilo L. Gallego) o nombres raros pero que suenan apropiados (estilo Tolkien). Todo libro de fantasía que se precie ha de tener uno de estos mapas (Memorias de Idhún, El Señor de los Anillos, Eragon).
No es que sea malo leer estos libros, yo he leído bastantes a pesar de que hoy tenga ganas de destriparlos, pero leer demasiados seguidos puede resultar perjudicial para la mente ya que tanta separación entre el bien y el mal y tanta repetición cierra la mente y, como son libros que enganchan, hace que el lector no quiera leer otra cosa (a eso es a lo que me refiero con cerrar la mente) y que posteriormente no quiera cambiar de género.

laura dijo
Ey pekeña!!! cómo te va?? yo super liada en examenes, así que apenas entro ni me paro a leer.
Me ha gustado este artículo. Un besazo!!
8 Septiembre 2006 | 05:37 PM