Las orillas de Rochelle
Por la noche, el viento contra la persiana no la había dejado dormir. Ahora, sentada en el porche, observa el mar; azul, liso y brillante. Mañana volverán a la ciudad, dejarán ese pequeño paraíso.
Se quita el pareo y lo deja en uno de los sillones de mimbre.
Camina hacia la orilla y se sienta. Las olas vienen. Arrastran consigo espuma que se funde con la arena al llegar.
Las palabras que tenían que decirse se dijeron. Rochelle lo sabe. Y las que no se dijeron fueron arrastradas de nuevo por el agua. La marea las ahogó. Y quedaron suspendidas en medio del océano de cada uno. También, barridas por la espuma que va de vuelta las lágrimas que sobraron, lágrimas que le sonríen desde la otra punta de la orilla. La orilla infinita.
Pero las palabras que se dijeron ahí quedaron, en la arena, y ni la fuerza del mar se las llevó para dentro. Se escondieron temerosas dentro de las caracolas de la orilla, y ahí siguen resonando. Por siempre jamás quedarán en la playa de la espuma fundida.

amy dijo
Anda eres tu la de la foto? que mona, pareces una muñeca...je,je
Un saludo
10 Septiembre 2006 | 02:16 PM