En la oscuridad de la trastienda, Rochelle embala el último paquete. Antes de que el fixo cierre todas las trampillas, un rostro sin vida le regala una sonrisa de plástico. Rochelle decide dedicarle un poco más de atención. Una barbie con el pelo rubio platino grapado a un cartón no muestra reparos en demostrar su felicidad plastificada. Su alegría descontenida al dejar de ser una pieza de Mattel para convertirse en la nueva muñeca de Sabrina.
Rochelle le devuelve una sonrisa triste, sus formas se convierten en reflejos a un lado y a otro del plástico transparente. Pero eso fue antes, justo antes, de que el papel de envolver tapase el rostro de la barbie y sus vidas volviesen a ser paralelas.
Rochelle piensa en las decenas de barbies desnudas amontonadas en los cajones del cuarto de Sabrina. Muchos sobrinos desalmados les cortaron su melena rubia y brillante, a otras les pintaron el rostro con rotulador permanente, otras perdieron una pierna, o dos, eso depende. Las cajas de Ikea se convirtieron en almacenes de cuerpos mutilados, pero las sonrisas, aquellas sonrisas, eran probablemente lo único que a aquellas muñecas no se les podía arrebatar. La sonrisa feliz y amarga de plástico, diseñada para sonreir a los demás.
Metidos todos los paquetes en bolsas en aquel veintitrés de diciembre Rochelle las cuelga de sus manos y sale del local.
Rochelle llegará a casa y sonreirá como lo hacen las muñecas de Sabrina, e intentará no repetirse demasiado que ya no quiere a su marido. ¿Por qué? Porque mañana es Noche Buena y las cosas siempre han sido pintadas así, ¿no?
No piensa dejar tirada a su familia ese día. No. No por Sabrina. Por mucho que Alejandro insista, por mucho que quiera a Alejandro, por mucho que Julián, su marido, le haga ponerse gafas de sol en Diciembre. Coraza de ojos morados y de heridas en el alma y en la dignidad. No, no y no. Aunque no hace falta que nadie le diga que ella no merece ésto. Que no merece esa lluvia de golpes, ni que sus ojos enrojezcan por ese cabrón que la reduce al nivel de la alfombra, ese cabrón que es el padre de Sabrina, de su hija; a la que nadie jamás le hará daño.
Y ahora carga con paquetes de embaladas sonrisas de plástico, que ni la fuerza de un puño podrá echar para detrás, camino de la morada de felicidad y armonía navideñas. Camino de devolverle la sonrisa a su marido que, agachado en el suelo, ayuda a Sabrina a hacer sus deberes de Conocimiento del medio pacientemente. Con caricias en el pelo, con suavidad y tacto. Sí, así, así con ella.
Parece una estúpidez que le den más miedo las amenazas de Alejandro que las de Julián, cuando Alejandro sólo dice que un día llamará a la policía y denunciará a ese cabrón. Y ella le grita, se enfada y sale cabreada con un portazo de la casa de un Alejandro que sólo le quiere salvar la vida.
Pero por Sabrina, siempre por Sabrina, las muñecas sonreirán eternamente, eternamente vacías.

Que bn escribes jodia, me encanta y la foto es mortal jijiji, ,peor lo mejor tu powerpoint y esta tarde contigo y con Yuky y Tomy , me lo he pasado genial:DBesos mi niña.
La foto le viene q ni pintá al post, ¿o no?
Yo tb me lo he pasao mu bien, cn el yuki y el tomy q ahora están sobando ;p
Killaaaaa q bonita la peli, en serio, bájatela, poco después de q te fueras se llevaron a Javier Bardem ya sabes para qué. No veas la pexa llorar q me he metío, sobre todo de ver al sobrino, tan mono y tan bueno él, llorando.
En fin q sí, q la termines de ver xq es tela de bonita. Y a ver si mñn vamos a ver la de los fantasmas de goya q marta me ha dixo q la llame si vamos.
Bye wapa
Hola wapi! es cierto que tengo esto totalmente abandonado... ¡¡no tengo nada de inspiración!!
Me sigue encantando lo que escribes, tienes un gran futuro, como periodista y como hobbie, nena, genial!!
Ahora estoy dedicada más al tema foto. Te he dejado apuntado el enlace. Me ire pasando por aqui.
Un beso wapa y a seguir asi de bien!
Ola¡!
Q ilusión me ha hecho q te hayas pasado x aqui después de tanto tiempo!!!
Pásate siempre q quieras.
Un besazo wapisima
xao