Todo bajo agua, agua insuficiente. No supe llorar bien.
Un día hubo cientos de palabras, más que demasiadas, durmiendo atrapadas bajo capas de polvo inamovible. Asentadas en un corazón herido y rasgado de otras hojas no menos afiladas, conectado a arterias vacías, ante todo vacías, porque cuando las hojas desafiaban la resistencia de la piel aquello que surgía no podía ser sangre. Las voces de otros poblaron cabezas agotadas, los gritos en la lejanía inundaron espacios atestados de obscuridad eterna.
Mis ojos se apagaron al contacto con el agua, un tendido eléctrico derruido, un vertedero de luces de navidad. Todo bajo agua. Agua contaminada, agua dúlce, agua insuficiente; no, la verdad es que no supe llorar bien entonces.
Las hojas no llegaron a alcanzarme, los gritos no llegaron a ahogarme, no supe volverme loca, no pude ser cobarde. No serví para cuajar almohadas ni agujerear sábanas a mordiscos de desesperación.
Hoy mis botas rayan el asfalto, vienen y van, algo que me permita dejar de ser yo, un billete hacia dónde nunca llegaré, la última lágrima que derramaré en mi vida, una repetición de mi último beso con alguien al que quise. Ya está nena, déjalo por hoy. Guárdate la pena y ponte a estudiar.
Estoy bien, mejor de lo que pensé, sólo algo vacía, muy vacía. Pero bien, en realidad estoy bien. Pero tengo que aprender a sentirme así, no sé durante cuánto tiempo, y sé que podré hacerlo, porque no me importa si le tengo a él.
Ahora en serio, ¿qué era lo que tenía que hacer? Ah, ya; biografías de autores de la generación del 98. ¡Qué ganas....! Bueno, al lío.

markhus dijo
Piensa en el futuro, el tiempo lo cura todo, y como decia mi amigo Carlos Jesús, hoy reiis mañana llorareís...aunque yo la interpolo...
Bsos
16 Enero 2007 | 10:52 AM